sábado, 19 de abril de 2014
jueves, 3 de abril de 2014
A una directoria de un primario, sobre la desmalvinización
“Islas Malvinas, tan lejos están…”
Comienzo con esta frase de mi autoría, por cuanto no puedo aún sacar de mi recuerdo de infancia, el inconfundible e
interminable sonido de sirena del Diario El Liberal en aquella mañana
gloriosa de un 02 de Abril de 1982. La noticia de la recuperación de las
Islas Malvinas paralizó a todo el mundo. Desde aquel momento, nunca un
hecho de esa trascendencia, llevo al pueblo argentino a volcarse
espontáneamente a las calles festejando y legitimando en carne propia,
su aprobación masiva a la reivindicación soberana de nuestras islas.
La juventud nacionalista
"La juventud nacionalista no tiende la mano, no
la ha tendido nunca, para pedir nada a este régimen, ni para sostener
este régimen. Hoy, que el régimen se bambolea, contempla con una feroz
alegría ese bamboleo. Y está pronta para cumplir su misión.
Pero sola. Ella sola. Con sus principios, con sus programas, con sus
hombres y mujeres. Con su moral. Con su justicia. Con su verdad. Sin
participación, ni coparticipación. Hemos, estado haciendo la revolución
nacionalista. Y ésta es integral. Es total. Ni sistemas, ni hombres
viejos. Ni política electoral, ni economía sojuzgada, ni solidaridad
alguna con el pasado que no sea el retorno a la tradición de la Patria ,
cuando la Patria dictaba sus leyes al desierto, y dictaba su soberanía a
todas las naciones del mundo, y la defendía con balas, con cuchillos o
con piedras, o con aceite hirviendo."
Enrique P. Osés
Uno de aquellos que el sistema recomienda "No leer"
Colaborador intelectual del GOU
Ley de linchamientos
Compartimos un texto sobre el "fenómeno" de linchamientos, con el que se regocijan los medios de comunicación. El autor es Guillermo Rojas.
Ahora los medios sacan a la luz cosas que
desde hace años se registran en nuestra sociedad anarquizada hasta
niveles inconcebibles. Los casos de justicia por mano propia ante la
absoluta inacción de las instituciones responsables.
La gente está harta de ser robada, asesinada, violada sin que ningún
responsable de ese estado de cosas se inmute. Está harta de la
impunidad del crimen. Pero no digamos que esto que ocurre, ocurre desde
antes de ayer cuando un ratero fue duramente castigado en Barrio Norte u
otro ladrón muriera a manos de vecinos indignados de Rosario.
miércoles, 2 de abril de 2014
Malvinas, la guerra continúa
Informe de "Desde la sombra" de RT. Daniel Estulin junto con Horacio Ricciardelli, héroe argentino de la
guerra de Malvinas, analizan las causas del conflicto de 1982 y la
importancia que tienen las islas desde el
plano geopolítico. Y establecen que el objetivo británico nunca fue
volver a reconquistar un peñasco perdido en el océano, sino usar la
guerra como una excusa para desplegar las fuerzas de la OTAN y controlar
las riquezas del Atlántico Sur.
La historia completa de las Islas Malvinas
Compartimos una "biografía" de nuestras amadas islas. Para tener argumentos
que justifiquen nuestra soberanía y para que no nos cansemos de exigirla
como argentinos. La reseña fue escrita por nosotros, en base al libro "La recuperación de las islas Malvinas" (Juan C. Moreno, 1973) y textos de El Malvinense
Malvinas: volveremos y venceremos
“Hasta tanto las Islas Malvinas
vuelvan a integrarse física y plenamente al mapa de la República, todo lo que
se haga, se diga y se escriba sobre los derechos nacionales en nuestra remota
ínsula, será poco, aún a riesgo de reiteración”[1].
Consideramos impostergable hacer todo lo que sea necesario para que vuelva a
flamear la bandera argentina en el mástil de Puerto Argentino de Nuestra Señora
de la Soledad.
Como Frente Estudiantil Nacionalista entendemos que es indispensable
continuar apelando a la verdadera historia; en este caso, la de nuestro amado
archipiélago y la de la voluntad ininterrumpida del pueblo argentino, que aboga
por su recuperación de una vez y para siempre, desde 1833. Rechazamos la
versión oficial del 2 de abril de 1982 -cuya principal exponente es Cristina
Kirchner-, que es una mentira escandalosa, funcional en todas sus partes a los
intereses británicos. Ya no se necesita de Inglaterra para hundirnos en el
oprobio.
La guerra justa de 1982
Basta de repetir que la gesta
patriótica de Malvinas fue producto de una borrachera o un manotazo de ahogado
del último proceso militar. “Si en los indefendibles años del Proceso hubo una
decisión que no fue estúpida, consistió la misma en decidirse a recuperar por
las armas el suelo austral despojado”[2].
Bajo ningún punto de vista se
puede afirmar que una decisión así es ilegítima. Argentina heredó estas tierras
de la hispanidad y fueron robadas por la fuerza. Una vez agotadas las vías
diplomáticas -por casi 150 años fueron desoídas-, fue válida la recuperación
por la fuerza, y continúa siéndolo.
Pero que la guerra fuera justa,
no justifica que las cúpulas procesistas (Leopoldo Galtieri junto a su gabinete
de gurkas) no estuvieron a la altura
logística ni moral del conflicto. Pero “los errores de conducción política y
militar dieron origen a la hazaña, que en el camino a la derrota cumplieron las
armas argentinas; al patriotismo, la disciplina, la abnegación y el coraje con
que lucharon nuestros combatientes […] el Ejército Argentino en Malvinas hizo con
sus medios más de lo que se esperaba, gracias al esfuerzo, sacrificio y la
valentía de sus oficiales, suboficiales y soldados”[3].
Para aquellos valientes hombres
que defendieron nuestra soberanía nunca hubo verdaderas honras ni laureles.
Todos los poderes democráticos de turno les dieron la espalada y la sociedad en
general, que en su momento los vivaban, otorgó sólo incomprensión.
La desmalvinización
Es un peligro para los enemigos
de la Patria que lo que Malvinas significa y emblematiza, corroborada y sellada
con sangre, se expanda y se consolide. Por eso, apuntaron todos los cañones a
la desmalvinización. Y la lograron. Es exactamente lo que necesitó Inglaterra
para que la causa se olvide, que se confunda la legitimidad de la guerra con su
conducción y la inspiración histórica con la intencionalidad del momento.
Si no hay cómo retribuirle a
quienes dispusieron u ofrendaron su vida por aquella causa nacional, cómo
haremos los argentinos para reparar el daño que causa la desmalvinización. Proyecto
que comenzó con el Proceso militar. Que lo continuó y profundizó el
alfonsinismo, demostrando que su “justicia” no existió en cuanto a instrumento
de dignificación y ecuanimidad, por mandato de los poderosos “protectores” de
Raúl Alfonsín, la Comisión Trilateral de David Rockefeller III. Que fue bandera
del menemismo, en las explícitas palabras del entreguista Domingo Cavallo:
“Nosotros quisiéramos que no quede ningún vestigio del conflicto de 1982”. Y lo
finiquita el kirchnerismo, quien, festejado por el enemigo (que encontró aquí a
otra sirvienta, y ya tiene quien le elabore la pieza del relato nativo, que se
acopla al discurso de la Corona), reconstruye la historia de Malvinas desde el
informe del General Benjamín Rattenbach; prototipo del milico liberal, gorila,
cipayo y masón.
¿Qué les devolvió la historia
oficial a nuestros combatientes? Estúpidas canciones y relatos de menosprecio,
llamándolos ‘los chicos de la guerra’. “Sostengo que ello suena como un insulto
para esa mayoría de soldados, que se batieron con arrojo y decisión en las
gélidas noches malvineras […] Sepan todos que no hubo una noche allá en el Sur,
donde no haya quedado bien en claro quiénes eran los verdaderos hijos y
soldados de esas tierras”[4].
“Nos intoxican con
películas de soldados llorones y capitanes sádicos. La interpretación de los
cobardes sustituye la callada verdad de los guerreros. Lo más grave del
episodio de la Guerra de las Malvinas no es haber perdido lo que con el tiempo
solo será una gran batalla; sino esto, la enfermedad de no saber defender lo
que hicimos con la frente alta y con coraje de triunfadores, y casi andar
susurrando disculpas a los usurpadores, los enemigos”[5]
Una Fiesta Nacional
Queremos que, si no es por vías
legales, el pueblo lo sienta como una fiesta. Que la voluntad de recuperación
de las islas, que siempre caracterizó a la cultura argentina, esté latente y
nunca perezca. Porque comenzó con las exigencias políticas de devolución, luego
de que las islas sean tomadas ilegalmente y por la fuerza por un buque inglés.
Porque los argentinos, que allí estaban, recuperaron durante seis meses los
territorios nacionales, al mando del valiente gaucho entrerriano Antonio
Rivero. Porque el sentimiento patrio nunca se cansó de exigirlo, ya sea con el
senador Alfredo Palacios o Antonio Gómez Langenheim o Juan Carlos Moreno o Raúl
Scalabrini Ortíz o Enrique Coromias o los mismísimos Juan Domingo Perón y
Arturo Illia. Porque, en 1964, el aviador Miguel Fitz Gerald, en viaje
solitario, aterrizó en las islas y clavó la enseña y entregó al gobernador
usurpador un mensaje reivindicatorio. Porque, dos años después, un avión de
Aerolíneas Argentinas, que fue obligado a desviarse hacia las Malvinas,
aterrizó en el renombrado Puerto Stanley y desembarcó un grupo de quince
nacionalistas argentinos, que armados retomaron las islas; en los que
denominaron Operación Cóndor.
Porque, en 1982, se tomó la decisión de recuperar las islas por la fuerza
militar, de forma rápida e incruenta; luego de que Inglaterra ya hubiese
declarado la guerra semanas antes, al intimar ilegalmente a un grupo de obreros
argentinos, que en las islas se encontraban, cercándolos con submarinos y nueve
buques de guerra, que trasladaban comandos y paracaidistas.
Que sea una fiesta en la que no
se olvide que fue una guerra entre una potencia pirata e imperialista -con el
sobrado apoyo de la OTAN- y un país del tercer mundo. Que no se olvide que fue
una de las últimas guerras coloniales del siglo XX y la última gran guerra
caballeresca. Que no se olvide a los centinelas, que en Malvinas descansan,
esperando a que se haga efectivo el derecho argentino de reintegrarlas al
territorio nacional. Que no se olvide que Argentina tiene el honor de haber
luchado valiente y limpiamente contra la peor de las armas: la traición;
aberrante esta y ejecutada por el Chile oligárquico de Pinochet al pueblo al
cual le deben su libertad, ganada gracias a la grandeza del General San Martín.
Por eso, reivindicamos, frente al
odio que ciega, esta alegría clara del patriotismo militante en esta fecha,
para que sea una fiesta nacional, una afirmación de la soberanía, pero que
conlleva un inmenso dolor. Reivindicamos asimismo este dolor trascendente y
movilizador. Un dolor que tiene la obligación de ser valiente.
Los que digan que no se pueden
recuperar, que ahora todo es distinto, ya que tienen la inteligencia y el
corazón doblegados, no creen en lo permanente ni en la perennidad de la causa
que defendemos. Sepan aquellos que tenemos muertos y vivos que aguardan… Los
Giachino, Guanca, Almonacid, Águila, Estévez, Cisneros, Poltronieri, Seineldín,
Rico, Jiménez Corbalán… Tienen mil nombres la causa, pero una sola consigna:
La otra parte de la verdad sobre Malvinas
Con calculada insistencia, los voceros del régimen, intelectuales y
“opositores” siempre funcionales, utilizan la gloriosa fecha del 2 de
abril no sólo para disfrutar del feriado turístico sino, lo que es más
grave, para manifestarse en cuanta ocasión puedan a fin de lamentar “los
chicos que murieron” en Malvinas, agregar que aquello “fue una guerra promovida por un borracho trasnochado” y finalmente, abrevar una y otra vez en la consabida demonización del Proceso de Reorganización Nacional.
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