“Islas Malvinas, tan lejos están…”
Comienzo con esta frase de mi autoría, por cuanto no puedo aún sacar de mi recuerdo de infancia, el inconfundible e
interminable sonido de sirena del Diario El Liberal en aquella mañana
gloriosa de un 02 de Abril de 1982. La noticia de la recuperación de las
Islas Malvinas paralizó a todo el mundo. Desde aquel momento, nunca un
hecho de esa trascendencia, llevo al pueblo argentino a volcarse
espontáneamente a las calles festejando y legitimando en carne propia,
su aprobación masiva a la reivindicación soberana de nuestras islas.
Inducido por una ideología progresista, que busca inculcar en la
ciudadanía argentina el rechazo masivo a la Guerra de Malvinas, siendo
el pueblo que la apoyo desde un comienzo, es harto suficiente en mi
formación ciudadana y por sobre todo patriótica y nacionalista, que la
Gesta del 02 de Abril (que llevo luego a una conflagración bélica de
casi 45 días desde el 1º de Mayo hasta llegar a la rendición de nuestras
tropas un 14 de Junio de 1982), debe ser recordada siempre con orgullo y
dignidad, por cuanto la sangre derramada por nuestros soldados, tanto
oficiales y suboficiales profesionales como soldados conscriptos
(llamados despectivamente “Chicos de la Guerra”), merecen aunque sea, el
reconocimiento de la victoria moral de un pueblo agradecido por su
máximo sacrificio,. Esto nunca se logrará si mostramos con figuras de
siluetas humanas acurrucadas, desmoralizadas, donde nuestros pequeños
ven a nuestros combatientes en soledad y tristes (ver fotocopia que se
adjunta a la presente). ¡Esa es la imagen de soldado, que este Gobierno
Nacional quiere que quede en la retina de todas las generaciones
futuras!. Si pasaron penurias, que las hubo, es porque así lo exigieron
las circunstancias. Y nuestros soldados, supieron sobreponerse por amor
al deber reclamado.
Hubiese deseado que también este la imagen
del Capitán de Fragata Pedro Giachino (primer caído en combate) quien
con su valerosa actitud, se entrego a la metralla inglesa para tomar la
casa del Gobernador de las Islas. O también del Teniente Roberto
Estevez, que con dos balazos en su cuerpo sostenía una posición en Goose
Green-Darwin hasta que un tercer tiro dio fin su heroico sacrificio.
Pero, para las Educación Nacional, es preferible que se promulgue el
derrotismo y miserias humanas propia de cualquier conflicto bélico (no
exclusivo de Malvinas) antes que sobresaltar el verdadero fin de este
conflicto que es la defensa de nuestra Soberanía Nacional, que tras más
de 150 años de reclamos diplomáticos desde 1833, nuestro país quiso dar
una vuelta de timón al conflicto, siendo la recuperación de las Islas un
claro signo de defensa territorial. La torpeza diplomática y el atroz
grado de improvisación de nuestras fuerzas Armadas para sostener un
guerra, nos llevó más allá de los destellantes actos de heroísmo de
nuestras fuerzas, a una humillante capitulación. Sin embargo, son los
actos de arrojo y de entrega por la defensa de la Patria, de su
territorio, de sus costumbres y religión, de su historia granjeada en el
tronar de los cañones de Suipacha, Tucumán, Salta, San Lorenzo, Vuelta
de Obligado y tantos otras batallas que llevaron a la conformación de la
identidad de la Nación Argentina; destacándose la figuras como
Belgrano, San Martín o Juan Manuel de Rosas entre otras, quienes
supieron trasmitir la lucha, el orgullo y el deber de ser argentino al
enfrentarse al enemigo extranjero.
Si caemos en la confusión de
políticas educativas que desmerecen el sacrificio humano, que no elevan
la lucha justificada por un Derecho Soberano que aún subsiste, y que
solo apunta a resaltar la miserias humanas como un escándalo y de ello
una política de Estado, entonces somos cipayos o desmerecedores de la
autentica victoria alcanzada no por las armas, sino por el ejemplo de
los combatieron en el Atlántico Sur, al igual que los Patricios en la
Reconquista de 1807, o el Guacho en la defensa del Alto Perú o del
Granadero en Chacabuco o Maipú.
“Islas Malvinas, tan lejos
están…”, no es una frase al azar. Más bien es el imaginario colectivo
que las políticas gubernamentales, con un falso eslogan “Malvinas son
Argentinas” quieren la recuperación de la soberanía pero con la culpa o
la desgracia de una “aventura bélica”, y no como fue, una Gesta Heroica,
de sacrificio personal, de pelear contra todas las injusticas propias
de una guerra, pero con la templanza de un soldado de Dios y de la
Patria.
La “Verdadera Memoria”, les cabe solo a ellos.
C.P.N. Enrique F. Marañón
Fuente: Red Patriótica Argentina