Declaración fundacional

¿No estás cansado de nuestra Patria atrozmente desnuda, desabrigando los cuerpos de tantos compatriotas que la miseria ha tocado, porque quien manda es el mercado y la usura; y desmantela el alma, porque la injustica campea, la contranatura se impone, la hediondez ideológica castiga, sea con su escupitajo liberal o con sus excrecencias marxistas, con sus cadenas al endeudamiento económico, al Nuevo Orden Mundial y a esclavitud al materialismo?

¿No hemos visto acaso lo suficiente en materia de feroces ultrajes a la Patria en aras de la disciplina partidaria, de mezquinos intereses sectoriales en desmedro del interés nacional, de despotismos familiares, de ajustes de cuentas, de arreglos de comités, de míseras transacciones entre punteros, de acomodos y enroques de favores, de todas las poquedades y naderías de las que son capaces los partidos y míseras agrupaciones con tal de asegurar la supervivencia política y el enriquecimiento personal de sus capataces?

Estamos cansados y vimos demasiado


El Nacionalismo resiste y nos sumamos a la trinchera. El mismo que siempre así lo hizo, desde la hispanidad; pasando José San Martín, Manuel Belgrano y Juan Manuel de Rosas; el Chacho Peñaloza y los valerosos gauchos; quienes, aún bajo el perverso sistema democrático, defendieron los intereses soberanos y los recursos de esta tierra, como el General Juan Perón; los heroicos soldados que combatieron legítimamente contra el terrorismo marxista y, en Malvinas, contra el imperialismo inglés, para los que no hubo verdaderos honras ni laureles; hasta nuestros tiempos más recientes, que tiene como símbolo al Coronel Mohamed Seineldín y sus carapintadas y albatros.

Nuestra propuesta es que hombres y mujeres nos sumemos a las filas del histórico y real Nacionalismo. Nuestra definición de “nacionalismo” no tiene nada que ver con lo que bajo ese nombre se conoce en Europa, y que no es otra cosa que separatismo racista y segregacionista. Conociendo los rápidos y poco sesudos insultos de quienes se opondrán, aclaramos que nos oponemos a columbrar como solución a lo que ha resultado parte substancial del problema; esto es, al golpismo militar. Nuestro “nacionalismo” es tierra y sangre; Patria y familia; historia, tradición y la cultura argentina, crisol de razas, y los valores de su pueblo, entendiéndolo como una sociedad orgánica, la población organizada, con sus legítimas diferencias profesionales, culturales, regionales, lingüísticas, etc.

Los pasos a seguir


Proponemos militar activamente, hasta hacer de nuestra vida una militancia. Rechazando participar dentro del sistema y con las reglas de juego que él mismo impone, compulsiva y coactivamente. El desafío es, precisamente, el de participar de la vida política sin abdicar de los principios perennes.

Como dijo el poeta de ayer, debemos pensar la Patria como deber sacro de la inteligencia argentina. Por eso proponemos una huelga natural contra la extranjerizante democracia liberal y el enquistado pensamiento marxista. Este sistema de control político, que ha prohijado en la historia los paros más insólitos y las huelgas más encarnizadas, no quiere admitir un paro contra sí misma. Este paso es, ni más ni menos, la primera acción concreta que se sigue cuando, desde el sistema, se predica el “no pensar”. Resistir desobedeciendo y concientizando. La resistencia pasiva es la propedéutica de la activa. Concientizar sobre nuestra memoria y nuestra historia, para proyectarnos a futuro como sociedad argentina. Predicar la Verdad oportuna e inoportunamente y negarse haciendo de nuestras vidas, vidas coherentes. Difundir indiscriminadamente los conocimientos que permitan poseer las libertades específicas, para así poder trabajar para el Bien Común y no según las pautas del mundo globalizado.  

¿Qué debemos hacer?


Si no podés vencer, engendrar a quien vencerá. Preferimos la verdad en soledad, que el error en conjunto y nos pensamos como semilla y no como fruto.  Nos empeñamos por intentar preservar a la juventud de la política oficial de depravación masiva, para que quienes vengan continúen luchando contra el Nuevo Orden Mundial. Hay males que han durado siglos, y que nunca se hubiera pensado vencer –como a la larga se vencieron, no sin esa respuesta en el tiempo que supieron dar los empecinados patriotas-.

¿Acaso no se hubiera solucionado el problema de la inseguridad pública, el de la desarticulación de las Fuerzas Armadas, el de la dependencia al imperialismo internacional del dinero, el del caos educativo, el del adocenamento de la juventud, el de la tiranía de la deuda externa, el de la expoliación de nuestros territorios australes, el de la demarcación de los límites externos, el de la claudicación diplomática, el de la inmundicia de los medios y tantos otros, si se hubieran tenido en cuentas las voces del nacionalismo insensatamente desestimadas? Hagámonos escuchar y que nuestras voces sean tenidas en cuenta, por opción o por conquista.

Para ello es necesario la incansable militancia nacionalista dentro de  las estructuras sociales, brotadas de las relaciones amicales, parentales e institucionales. Debemos generar un cambio cosmovisional. Superar la mitología liberal, según la cual, todo consiste en sumarse a las elecciones populistas. Lo mismo se diga de las ficciones concurrentes del contrato social, de la voluntad general, del dominio de la partidocracia y de la democracia convertida en religión.


A corto y mediano plazo proponemos un accionar paliativo. Apuntando al bien común, obstaculizando o retardando el avance del Nuevo Orden, restando cómplices activos o pasivos al sistema, reclutando cuadros militantes, salvar el honor de la Verdad, produciendo el anti modelo, el anti sistema, el anti régimen, encarnado en quienes sepan resistir. Es nuestro deber acrecentar las redes de testigos insobornables, sentando las bases para que la resistencia pueda convertirse en reconquista. Prefigurando jornadas reconquistadoras, o por lo menos de esas derrotas que no miden los fiscales de mesas sino los partes de batalla. No pedimos riquezas, el éxito, ni siquiera la salud, sino la resistencia y la lucha. No pedimos votar ni que nos voten. Seguiremos gritando, como el valiente patriota Hermindo “Negro” Luna, resistiendo al ataque subversivo en Formosa, quien entregando su vida por sus camaradas, exclamó: “Acá no se rinde nadie, mierda”.